Elena
En el momento en que terminó la jornada laboral, cuando el reloj por fin marcó esa hora mágica, agarré mi bolso y salí de la oficina sin mirar atrás.
No estaba entusiasmada con la salida, ni mucho menos. El estómago se me había cerrado de anticipación, anudado de ansiedad, no de placer. Esta noche no se trataba de romance, ni de cena, ni de ninguna de las mentiras con las que Lucien solía disfrazar sus intenciones. Esta noche era sobre observación. Sobre escuchar con atención cada palabra