72.
El martes llegó con una cosa peligrosa.
Expectativa.
Y yo odiaba la expectativa.
Porque la expectativa era esa cosita traicionera que se sentaba en el pecho de una y empezaba a preguntar cosas como: “¿Y si sí viene?”, “¿Y si cumple?”, “¿Y si esta vez no te falla?”.
Muy imprudente.
Muy falta de oficio.
Yo estaba en la cocina, preparando una lonchera que Mateo no necesitaba porque íbamos al parque, pero igual estaba metiendo servilletas, agua, galletas, una fruta y una bolsita extra “por si acaso