58.

Salí de esa sala sin ganas de celebrar, pero con una sensación nueva: esta vez no me habían quitado nada.

No era felicidad.

Tampoco tranquilidad.

Era algo más raro. Como cuando una pasa años esperando que alguien le arrebate el piso y, de pronto, el piso sigue ahí. Medio torcido, con grietas y probablemente necesitando mantenimiento, pero ahí.

Mateo no había sido citado.

Renata no había logrado acercarse.

La funcionaria había escuchado la palabra heredero salir de la boca de esa mujer con perla
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