29.
Hay mañanas que intentan parecer normales, esa fue una de esas.
Me levanté antes de que sonara la alarma, no porque hubiera dormido bien, sino porque mi cuerpo ya no sabía descansar sin estar pendiente de algo. De un mensaje. De una llamada. De una amenaza envuelta en frase elegante. De una foto que no debía existir. De una firma al pie de un documento viejo. De Renata Armand convirtiendo cada rincón de mi vida en un tablero donde ella movía piezas sin despeinarse.
Mateo, en cambio, despertó co