27.

Hay frases que no se leen una sola vez. Se quedan abiertas en la pantalla como heridas que todavía no deciden cuánto van a sangrar.

Yo tenía el celular en la mano, sentada en el borde de mi cama, con la luz apagada y el corazón haciendo un ruido demasiado fuerte para una casa donde todos deberían estar durmiendo. El mensaje de Marina seguía ahí, quieto, pequeño, pero con un peso capaz de hundirme el pecho.

La señora dijo que no debía despertar antes de que ella saliera. Yo pensé que hablaba de
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