26.
No fue alcohol.
Tres palabras, y de pronto toda la noche de la gala dejó de parecer una herida vieja para convertirse en un crimen escondido.
Me quedé mirando la foto que Marina había enviado como si el celular pesara más que mi propia mano. La imagen era borrosa, mal tomada, llena de sombras, pero aun así había detalles imposibles de ignorar: la mesa de noche de madera oscura, la servilleta con las iniciales de la mansión Armand, la copa con un resto de líquido en el fondo y, a un lado, apenas