08.
Damián Armand no había dormido.
No después de ver el nombre de Valeria en un registro viejo y entender que cinco años de silencio quizá no habían sido silencio, sino robo.
Se quedó sentado en su oficina hasta que la madrugada empezó a desteñir los ventanales de la Torre Armand, con la camisa arrugada, la corbata floja y una furia demasiado fría instalada en el pecho. Frente a él, la pantalla mostraba una línea simple, seca, administrativa. Una de esas líneas que para cualquier otra persona no s