09.
Isabela Ferrer dejó de sonreír, y Damián entendió que acababa de tocar la primera verdad de aquella noche.
Fue apenas un segundo. Una grieta mínima en esa máscara perfecta que ella había aprendido a llevar con más elegancia que cualquier vestido. Pero Damián la vio. La conocía lo suficiente para saber que Isabela podía fingir sorpresa, fastidio, aburrimiento o incluso ternura cuando la situación lo exigía. Lo que no sabía fingir tan bien era el miedo. Y en cuanto él pronunció la palabra carta,