Capítulo 35: Tenemos que hablar.
Las manos me sudaban y no podía respirar. Solo de pensar que hoy sería el gran día en que no tendría más secretos con mi hermosa Cachetitos, me ponía muy nervioso. Sentía un nudo en el estómago y el corazón me latía con fuerza.
El pequeño Matías, con su energía y alegría habituales, abrió la puerta del auto, sonrió ampliamente y subió, ajustándose el cinturón con precisión.
Luego, abrí la puerta del copiloto para mi linda Cachetitos. Ella me regaló una sonrisa tímida y subió al coche, arregl