52. PRESENTACIÓN
Y es cuando me doy cuenta, que ha sido con mi nuevo jefe con quien he chocado aparatosamente. Él se inclina tomándome del brazo, para ayudarme a levantar. Mi piel se eriza por completo, ante el contacto de su mano y un extraño y desconocido estremecimiento me sacude completamente.
—¡Señor Christian! ¡Discúlpeme, estaba muy entretenida y no lo vi! —Dije soltandome de su agarre.
—No pasa nada —dice mirándome fijo y sonríe reconciliador. —No ha sido sólo culpa suya, señorita Sardino, también iba