Ana no estaba del todo segura de cómo lo había hecho, pero ahí estaba, de pie frente a él, con las palabras ya dichas: ¿Quieres venir con nosotros a Varadero?
No solía ser impulsiva, pero algo en la manera en la que Hugo la miraba hacía que se le aflojaran las reglas.
Él la observó en silencio por un par de segundos. Luego sonrió, ese tipo de sonrisa que derrite las dudas.
—Me encantaría —respondió, con voz cálida—, pero estoy de viaje familiar. Conociste a mi hermano y a mi cuñada esta mañana,