Aidan me acostó sobre la cama con sutileza como si temiera lastimarme.
Mi cabeza estaba girando, por suerte las náuseas ya habían desaparecido pero quería estar sola.
Alcé mi mirada para verlo a los ojos y mi mandíbula se tensó inevitablemente.
—Estoy bien, estoy un poco cansada.
Puedes irte.
Ahora fue su turno de tensarse.
Vi como apretó sus puños y sus ojos me quemaron con la mirada que me dio aunque se las arregló para asentir con la cabeza.
—Está bien, te dejaré descansar pero vendré a cheq