Un par de días después yo no había salido de la habitación.
No me había querido tomar con Aidan ni por sorpresa.
Estoy demasiado apenada por lo que había pasado entre nosotros y lo peor es que yo misma lo había provocado.
Mis mejillas se enrojecían cada vez que lo recuerdo.
—Gracias por el desayuno Verona, hoy me gustaría llevar a Aila a la escuela —le dije levantándome de la cama haciendo que la ninfa -que apenas hace unos días me había enterado de lo que era- me mirara.
—Pero Luna, ella ya se