Capítulo 10. Mi nombre es Entienne
Caminaron un buen tramo, alejándose de la zona principal de la abadía.
—Aquí dormirá usted —dijo Eira finalmente, abriendo una puerta de roble pesado—. No pensaba dejarlo dormir donde duermen las monjas. Jamás ha ingresado un hombre a este lugar.
Entienne asintió. Miró la sencilla habitación.
—Así que… ¿mis alimentos me los traerán también?
—Sí, serán traídos como corresponde. Pero antes de que Eira terminara la frase, él la interrumpió:
—Comeré en el comedor con todas. Será mejor que se acostu