En las primeras páginas, volvió a observar el cuerpo masculino. Esta vez, lo hizo con más calma, recorriendo cada detalle con la yema de los dedos. Las líneas que dibujaban los músculos, el torso ancho, los brazos fuertes, las caderas definidas y los genitales masculinos.
Sus mejillas se encendieron mientras sus ojos seguían la estructura del cuerpo del hombre. Sintió que el corazón le latía más rápido, como si hubiese cometido un pecado solo por observar.
—Entonces… así es —susurró para sí, tr