Cuando terminó, se cubrió con una túnica limpia y se recogió el cabello con delicadeza. Pronto iría a buscar a Eleonora. Necesitaba verla. Necesitaba hablar con alguien que comprendiera el dolor de haber amado a alguien como una hermana… y perderla en la oscuridad.
Mientras tanto, en una de las estancias más resguardadas de la abadía, Entienne se encontraba de pie frente a la madre abadesa. Su porte imponente contrastaba con la inquietud visible en el rostro de Rawena.
—Lo escuché con mis propi