Julia se mordió el labio y preguntó: —¿Por qué no me lo dijiste antes?
—No sabía cómo explicártelo. Es cierto que te saqué sangre—, se acercó y la rodeó con el brazo, explicando suavemente: —Hace un año me arrepentí de haberlo hecho. Por eso empecé a tratarte bien. No era para usar tu sangre para Cristina, sino porque me preocupaba por ti y quería ser bueno contigo.
Julia levantó la mirada de repente. —¿Entonces te enamoraste de mí hace un año?
—Sí—, asintió. Esta vez no ocultó sus sentimientos.