Todos estos eran recuerdos amargos para Julia, así que cuando la abuela mencionó la posibilidad de volver a celebrar la boda, instintivamente miró a Andrés.
Andrés le devolvió la mirada, como si hubiera notado el anhelo en sus ojos. Sonrió y dijo: —Me parece bien. La boda de hace dos años fue un desastre, ya es hora de celebrar una ceremonia como se debe.
Al oír esto, Julia sintió una sutil alegría en su corazón.
Diego también sonreía. No haber asistido a la boda de su hija siempre había sido un