—Vamos al hospital del pueblo, — ordenó él con los labios apretados.
—¡No iré!— gritó ella, aferrándose a la ventana del coche.
Andrés no iba a dejarla escapar. La agarró y la inmovilizó en sus brazos.
—¡Andrés!— Julia lloró. —¡Suéltame!
—¡Deja de resistirte!— El rostro de Andrés estaba sombrío. La abrazó con fuerza y ordenó: —Si sigues así, no seré amable contigo.
—¡Déjame ir!— Ella seguía luchando.
Andrés, furioso, la presionó contra el asiento y le dio una palmada en el trasero. —¡Te dije que