Mundo ficciónIniciar sesiónMis dedos todavía olían a él: a obsidiana pulida, a acero, y a la promesa ardiente que forjamos en la mesa de estrategia. Habíamos sellado la Ley de la Unificación con nuestros cuerpos, un acto de voluntad tan total que por un momento pensé que el Exilio se había disuelto en el cosmos. Pero la paz, lo sabía, era solo la







