67. No quiero estar sola (L2)
La voz quebrada de Herseis, apenas audible, resonó con un eco de autodesprecio que Helios reconoció al instante. No era la primera vez que alguien se disculpaba por su vulnerabilidad frente a él, pero había algo diferente en esta situación. Quizás era el hecho de que Herseis, una mujer que había sufrido tanto y cargaba con tanto peso, seguía sintiéndose culpable por expresar su dolor.
Lentamente, Herseis fue quedándose sin habla. Sus sollozos se desvanecieron en suaves respiraciones y cayó en u