68. El descanso (L2)
Helios suspiró con una mezcla de resignación y comprensión en su pecho. No quería dejarla sola, no después de todo lo que había compartido esa noche. Se descalzó con un movimiento ágil, deslizando sus zapatos fuera de sus pies sin hacer ruido. Luego, sin quitarse el traje, se acomodó junto a ella en la cama, asegurándose de que su presencia fuera reconfortante, pero no invasiva. Lentamente, la rodeó con su brazo, abrazándola suavemente, sintiendo el calor de su cuerpo frágil contra el suyo.
La