40. La pasión
Su modelaje era una actuación, una expresión de su amor y deseo. Hariella disfrutaba de la forma en que Hermes la miraba, con adoración y lujuria en sus ojos, y esto solo la animaba a ser aún más provocativa. Se inclinaba hacia él, permitiendo que sus labios rozaran los suyos antes de retroceder, susurrando promesas de lo que vendría después. Hermes no podía resistirse a ella, y cada noche terminaba con los dos entregándose a su pasión con una intensidad que nunca disminuía.
Hariella sabía cómo