Valentina
Nicola se había ido de la universidad, nos dejó a Bianca y a mí con un sabor amargo en la boca.
No podía evitar sentir ese nudo en el estómago, una mezcla de frustración y miedo.
Nos habíamos sentado en la cafetería, ambas con nuestras bandejas de comida frente a nosotras, pero ninguna de las dos había tocado nada.
—No puedo creer lo que dijo... —susurró, rompiendo finalmente el silencio, pero su voz apenas era audible.
Vi cómo jugaba con su tenedor, empujando los trozos de ensalada d