Un mes después, cuando Heller estuvo recuperado, el aire en el palacio se volvió espeso, cargado de tensión.
El rey mandó llamar al consejo de ancianos, al consejo político y a sus príncipes. También convocó a la Luna Bea, cuya presencia siempre levantaba murmullos entre la corte.
Las ausencias fueron notorias: Eyssa y Mahi no pudieron asistir a la reunión. El rumor corría rápido entre pasillos de piedra y alfombras pesadas: había secretos guardados tras esas puertas cerradas.
Mientras tanto, en