La tarde se cernía sobre el hospital, tiñendo los pasillos de un gris melancólico. Sienna, después de su encuentro con la anciana y el tormento en el café, se sentía como un equilibrista sobre una cuerda floja, con cada paso más incierto que el anterior.
Su mente era un campo de batalla: la profecía, el secreto de Robert, la creciente pasión por Leo, y la lealtad herida hacia Chris. La carga era insoportable, y Chris, con su aguda percepción, estaba a punto de romper el frágil equilibrio.
Chris