Sienna se inclinó en su silla de escritorio y echó la cabeza hacia atrás, el trasnocho de la noche anterior le ganó la partida y pronto sus ojos se cerraron cediendo al sueño.
Se vio corriendo a gran velocidad entre los árboles, mientras sus músculos quemaban como fuego, esquivaba las ramas, y saltaba sobre las piedras sin aminorar la marcha agudizando sus sentidos, y escuchando la distancia que llevaba de ventaja de los otros lobos que venían tras ella.
Todos sus sentidos estaban agudizados, e