El timbre insistente rasgó el silencio del apartamento. Ámbar, envuelta en el aroma del café recién hecho, se dirigió a la puerta. Al abrirla, se encontró con Lucas, su sonrisa habitual adornaba su rostro.
—Hola Lucas, tu novia sigue durmiendo. —Su voz era suave, casi monótona. Dio media vuelta y regresó a la cocina, dejando a Lucas solo en el pasillo.
Lucas agradeció con un gesto de cabeza y subió las escaleras. La puerta de la habitación de Aitana estaba ligeramente entreabierta. Con una son