Lucas tenía planes con Aitana toda es tarde y noche. Le pidió llevar un cambio de ropa para disfrutar de la noche maravillosa que tenía para ella.
Lucas condujo por la carretera secundaria, disfrutando del fresco aire nocturno que entraba por la ventanilla. Acariciaba la pierna de su novia, Aitana miraba por la ventana, su rostro iluminado por los rayos del sol. El silencio que reinaba en el coche era cómodo, interrumpido solo por el suave sonido de la radio.
—¿A dónde vamos? — preguntó Aitana