Dos años después
Los días se deslizaban como hojas en un otoño dorado. Ámbar y Julián, aferrados el uno al otro, construían un mundo propio, un refugio donde el amor florecía en silencio. La discreción era su aliada. Julián, con una paciencia admirable, había sabido esperar el momento adecuado para que su relación saliera a la luz.
Braulio se encargó de mantener a Julián muy ocupado en los nuevos proyectos y eso le facilitaba mantenerlo siempre cerca, de esa manera no se escapaba para Italia a