Las horas serían avanzando y con eso pasaba días tras días en los que Aitana trataba de dejar de pensar en lo sucedido con Lucas y Ámbar se había resignado a que Julián ya no llegaba.
Era dos largas semanas en la que no se habían visto desde que ella llegó a Italia. Molesta, discutía con el teléfono imaginándose a Julián. Su voz, su sonrisa, su mirada. El teléfono permanecía en silencio, sin respuesta, y Ámbar se sentía cada vez más frustrada.
—Si sigues así te dará algo —dijo Aitana, interrump