Ocultos detrás de una planta, aprovechando que la mujer no los había visto, Alma y Amaro aguardaban, con sus corazones dando tumbos.
¿Acaso este sería el fin de su sucia aventura?
Amaro, paranoico, ya pensaba que la mujer lo había seguido. Le inquietaba que no lo hubiera encarado antes, mientras comía. Tal vez algo más tramaba.
Sus sospechas se confirmaron con la llegada de otra mujer, con gorro, gafas oscuras y una maleta. Tras un saludo escueto, ambas se fueron hacia el restaurante y allí