—Hoy saldré a hacer negocios —informó Mónica por la mañana.
Vestía como una sofisticada mujer de negocios: elegante y capacitada. Los anteojos incluso le daban cierto toque intelectual que inspiraba confianza. Conseguido el dinero que le había pedido a Amaro, ya solo le quedaba empezar a trabajar. Hoy iría a ver los lugares que tenía pensados para instalarse.
—Alma, cuida a Agustín mientras vuelvo —dijo, como si la niñera no supiera que debía hacer su trabajo.
—Sonia, prepara el almuerzo