Tras varios intentos en vano por cancelar la reunión con el representante del principal emporio de perfumes, Víctor se disculpó con Eloísa y se fue a la empresa. Se tranquilizó sabiendo que Santorini se encargaría de todo y ya lo pondría al tanto de los resultados luego.
Eloísa partió con Juan, su chofer, e Irina, que no iba muy feliz, hasta que las calles se llenaron de tiendas. Sus ojos se perdían en cada vitrina, deslumbrada por el lujo, las luces y el brillo.
El auto se adentró en los es