Con un casco y tapones para oídos, Amaro recorría las instalaciones donde se fabricaban los componentes de las maquinarias que vendía. Acababa de llegar un cargamento de acero desde el extranjero, cuyo precio estaba muy por debajo del producido en el país, pero cuya calidad prometía ser equivalente.
Luego de varias pruebas satisfactorias, se había dado el visto bueno a la compra y ahora se preparaba la elaboración del primer lote de componentes.
Junto al jefe de planta, supervisaba la producc