La habitación de Eloísa tenía dos ventanas; una daba hacia el frente de la casa y la otra hacia el costado, con vista al patio. Esta contaba con un balcón amplio, donde, en sus mejores tiempos, se sentaba a tomar el té y a leer.
Ahora, la mesa acumulaba polvo bajo el florero con flores marchitas.
En su cama, ella también se marchitaba.
Hasta que oyó un ruido en la ventana.
Incorporada en la cama, vio emerger por sobre el balcón una figura oscura, encapuchada. Un ladrón.
El primer grito