VI Sus pacientes
—Ya era hora de que vinieras. Me siento todo tirante y seco. Ayer tuve que dejar entrar a esa kinesióloga nefasta porque he empezado a sentir dolor en las articulaciones.

—Te lo dije —comentó Alma, sin poder evitarlo. Lo testarudo empezaba a pasarle la cuenta—. Piensa en lo que ganarás cediendo; será mucho a cambio de un pequeño disgusto.

Dean rodó los ojos y luego vio a Alma acercarse a mirar por la ventana. Regresó con él para tratar sus heridas.

—Se ven estupendamente —comentó, admirada de
NatsZ

Conocer el dolor de otros puede ayudar a ver el dolor propio más pequeño. ¿Podrán los pacientes de Alma ayudarse entre sí?

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