Eloísa subió a la balanza y abrió los ojos con sorpresa al ver los números en la pantalla. Por primera vez, desde que enfermó, esos números aumentaban. Probó de nuevo y sí, había subido poco más de un kilo. Sonrió, sintiéndose menos enferma, menos muerta, como si el camino sin retorno que había iniciado de pronto pudiera interrumpirse o transitarse en sentido contrario.
Era una ilusión, pero ilusionada como estaba, fue a probarse la ropa nueva que se había comprado recientemente. En eso estaba