Alma terminó de empacar sus cosas; toda su vida cabía en dos maletas. Tenía una cita en la peluquería y luego un pasaje para el bus, con hora a las tres de la tarde.
Estaba en el umbral del inicio de una nueva vida. Esperaba que fuera la última.
De la actual se llevaba buenos recuerdos. Eloísa, la elegida, de marchita ahora estaba floreciendo y Dean la seguía de la mano.
El doctor Ferrer, cuyo contacto todavía guardaba, le contó que habían agendado la fecha para la primera de sus cirugías.
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