PAPÁ CEO: 29. Inevitablemente enamorado
Al verla arrodillada frente al excusado, sus ojos se abrieron y su pulso se disparó.
— ¡Alexia! — corrió hacia ella, hincándose a su lado.
La joven ladeó la cabeza para que no la mirara en ese estado y buscó incorporarse, pero él la tomó de la cintura y la obligó a mirarlo, sin importarle nada más.
— ¿Qué ocurre? ¿Te sientes mal? — tenía los ojos llorosos.
— No fue nada — respondió ella, ocultándose.
— No, mírame — le pidió, alzando su barbilla.
Verlo al fin a los ojos hizo que una lágrima