83. Te prometí hacerte la vida pedazos
Llegaron al lugar indicado.
Varios efectivos de la policía ya estaban allí y algunos civiles se habían arremolinado alrededor de la escena.
Thiago Da Silva hervía de coraje. Su pecho subiendo y bajando. Sus manos convertidas en dos puños muy apretados y la visión oscura, casi borrosa. Se hizo paso entre la multitud, empujando los cuerpos que se interponían y murmuraban entre sí.
No se detuvo hasta que la vio, se encontraba de espaldas, esposada y a punto de ser llevada en uno de los autos pol