84. ¡No puede estar muerto!
Abrió los ojos lentamente, un tanto desorientada. Tardeó en comprender que estaba en la recámara y en agrupar las imágenes.
— ¿Lilo? — la voz de Thiago hizo que moviera los párpados. Él estaba sentado a un lado de la cama.
Lucía ojeroso, como si diez años le hubiesen pasado por encima, también tenía una barba de varios días y los ojos cansados.
— ¿Dónde… donde está Nick? — logró preguntar, intentando incorporarse.
Su hermano la miró, atravesado por la compasión.
— Lilo…
Ella abrió los ojos