82. Voy a matarla con mis propias manos
Tomaron una ducha que duró alrededor de cuarenta y cinco minutos, y mientras hablaban de todo un poco, de sus sueños como pareja y futuros padres primerizos, fuera el teléfono seguía vibrando sobre la veladora.
Al salir, Nick notó que la pantalla recién se apagaba. Tomó el aparato y revisó que tenía demasiadas llamadas perdidas de su cuñado, además de un mensaje.
“¡Debes venir inmediatamente a Río! No le digas nada a mi hermana”
En seguida, el brasileño se tensó, pasando de la sorpresa a la p