Capítulo 11
—No te vayas
Los ojos de Florence se abrieron de par en par al ver su mano, que la sujetaba firmemente por la muñeca, antes de que su mirada se posara en su rostro.
Él seguía con los ojos cerrados. Parecía dormido o, al menos, medio consciente.
Su corazón se aceleró mientras lo miraba fijamente.
—¿Señor Fanucci? —preguntó en voz baja, con la voz ahogada en la garganta.
Pero él no dijo nada; sus ojos seguían cerrados y sus pestañas rozaban su piel.
Retiró la mano suavemente, intentan