Capítulo 10
Cuando Florence finalmente llegó a la casa de Arturo Fanucci, no pudo evitar quedarse boquiabierta.
Las puertas, por sí solas, eran enormes y costaban más que todo su apartamento; la barra de hierro negro con intrincados diseños denotaba riqueza y poder. Al acercarse a las puertas, estas se abrieron lentamente, permitiéndole el paso como si reconocieran a su dueño.
Y entonces vio la casa.
Decir que era una casa era quedarse corto.
Era una mansión.
Se quedó boquiabierta al contemplar