EMELY.
Selene escoltó a Aleria, Jako y al pequeño Tommy hacia las habitaciones superiores. En la sala de la mansión el ambiente era denso; Sebastián, Garino y Soraia, Magnus se ubicaron, observando el aparato como si fuera una granada a punto de estallar.
Activé el altavoz. El tono de llamada cortó el silencio hasta que una voz femenina, quebrada por la rabia y el luto, respondió al primer timbrazo.
—¿Alfa? —escupió la madre de Tamara—. ¿Tienes el cinismo de llamarnos después de haber degollado