EMELY.
Desperté con el cuerpo pesado, como si me hubieran molido a palos. Lo primero que hice fue intentar incorporarme, buscándolos con la mirada en medio de ese agotamiento que me nublaba la vista.
—¿Dónde están? —susurré con la voz rota.
—Tranquila, amor. Están bien. Todo está perfecto —dijo Olivar, apareciendo a mi lado de inmediato. Puso una mano en mi hombro para que me relajara y me dio un beso corto en la frente—. Descansa, aquí los tienes.
Se alejó un momento y regresó cargando dos bul