Aitana
El aire fresco de la montaña era un alivio bienvenido. Un respiro del hedor a papel legal, tinta de abogados y la frialdad de los despachos de mi hermano. Sin embargo, la tregua tenía un costo: compartir la experiencia con el hombre que había jurado destruirme legalmente.
Estábamos en la entrada del campamento "El Rincón del Explorador", un sitio encantador rodeado de pinos altos y cabañas de madera. Isabella, vestida con un pequeño uniforme de exploradora y una mochila que le quedaba en