Aitana
El ambiente en la mansión Belmonte, tras el rechazo de la OPA, era de una victoria helada. Había salvado a Sebastián, pero me había condenado a la convivencia con mi enemigo, bajo la atenta mirada de mi suegra y con la amenaza constante de mi hermano. La única luz era Isabella.
Isabella no entendía de OPAs ni de chantajes, solo de héroes.
—¡Mamá, eres una heroína! —gritó, abrazándome esa tarde al verme entrar a la suite.
—¿Por qué, cariño? —pregunté, tratando de sonar normal mientras Seb