Aitana
El traje sastre azul marino era mi armadura. Dejé el cabello suelto, una sutil rebeldía contra la formalidad que me asfixiaba, y me puse los tacones más altos. No iba a una reunión de negocios; iba a invadir el búnker de mi enemigo.
Julián me esperaba en la entrada del imponente edificio de Belmonte Corp. Estaba eufórico.
—No puedo creer que mi hermana, la odontóloga, se haya convertido en socia de Belmonte Corp. en menos de una semana —dijo, ajustándose la corbata.
—No es una victoria,